Hay que reconocer
la habilidad de la izquierda para dar la batalla del lenguaje y ganarla. Entre
sus muchos logros, el poner el apellido “democrático” a las repúblicas
soviéticas, la popularización del término “fascista” como sinónimo de radical,
violento o totalitario, (salvando de la quema el término “comunista”). Ahora,
en España, toda la izquierda (incluida
UPyD) se ha unido en el ataque furibundo al “franquismo”, tratando de popularizar
el término “crímenes franquistas”
como verdad de fe proclamada sin rubor en los telediarios (¡¡Qué vergüenza ver al Presidente de RTVE pidiendo disculpas por haber llamado "Caudillo" a Franco en un telediario al comentar una noticia de 1960!!), y promoviendo la inclusión del franquismo, junto con el
nazismo y el terrorismo etarra (no el comunismo que sigue siendo algo muy respetable
y muy democrático), como verdaderos anatemas en su proyecto de tipificación de
los llamados “delitos de odio”. De esta manera, quieren expulsar de la
legalidad a cualquiera que ose defender las virtudes del Régimen del 18 de
julio y niegue su carácter criminal, incluyéndolos junto con los criminales
nazis y etarras en el delirante delito de “negacionismo”,
inventado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y que ahora recogen
los perdedores de nuestra Guerra de liberación. Como escuché hace tiempo, la historia la suelen contar los vencedores...menos en España.
Para ello, tienen
en el prevaricador Garzón el mejor ariete. Desde Argentina, dictando
literalmente los esquizofrénicos autos de la Juez Servini, pretende hacer calar
en la sociedad como verdad inatacable que el franquismo fue un régimen criminal
que goza de impunidad gracias a un deleznable pacto en la transición,
invalidado por la traición de unos y el poder que tenían aún los otros.
Pues bien, lo
repetiré una y mil veces, aunque haya un día en que me cueste la libertad. Franco, la mitad del Ejército y la mitad de España no se alzó contra la democracia, ni contra la legalidad vigente, sino contra un sangriento proceso revolucionario marxista,
iniciado en 1934 y culminado en el remedo de elecciones de febrero de 1936,
acompañado de una persecución religiosa furibunda que llenó de mártires las tierras
de España y destruyó una parte importante de nuestro patrimonio cultural.
Franco mantuvo a
España fuera de la guerra mundial, venció al maquis (una guerrilla comunista
que quería reanudar la guerra civil y provocar la intervención extranjera), y
llevó a España desde la ruina a una situación de pleno desarrollo, creando una
clase media inexistente en España, alzando a nuestro país hasta la 10ª potencia
industrial, con una renta per cápita en 1975 en un 83% de la media de la Unión
Europea (ahora estamos en menos un 75%) con pleno empleo, con una protección
social sin precedentes y la presión fiscal más baja de toda la OCDE, dejando a
un país en paz y preparado para una democracia constructiva.
¿Qué hubo represión después de la guerra? Innegable. También
la hubo en Francia, con verdadera y brutal saña, con los colaboracionistas a
quienes se fusiló a millares, en Italia, en Inglaterra, en Alemania y en el
resto de los países de Europa, sin que por ello se hable hoy de crímenes de la RFA, del Gobierno de Su Majestad, etc.. ¿Qué se cometieron injusticias en la posguerra?.
Sin duda y con ser lamentable, hay que situar dicha represión en el contexto histórico
del final de una guerra fratricida y en la incertidumbre de un conflicto
mundial al que nos querían llevar de cabeza los perdedores de la guerra. Pero
eso que llaman –impropiamente- “franquismo” fue mucho más.
Si quieren hablar de “crímenes franquistas”, ¿qué apellido
habrá que ponerle a los “crímenes de Estado” de los Gal? ¿Y a la corrupción sin
límite que ha atravesado toda la clase política? ¿Se trata de crímenes
democráticos?
No sé si, a la larga, la mejor manera de imponer tus tesis a
la sociedad es criminalizar al oponente. Desde luego es la mejor para el que carece de argumentos y falsifica la realidad. Pero ésta estrategia totalitaria es la
que ha adoptado la izquierda, que ha visto cómo el rescatar una y otra vez el nombre
de Franco le produce jugosos e inmediatos réditos ante una derecha acomplejada
que, ayuna de principios y referentes, se aferra a la economía como tabla de
salvación sin importarle que manipulen la historia y pisoteen la tumba de sus
padres.
LFU